Enjaezamiento

Primer premio, del primer bloque, para la peña...

La carrera ha terminado, la potencia de caballo y caballista se ha relajado, la explanada del Castillo se convierte en un hervidero de gente esperando la entrega de los premios: el culmen de este día caballista.

Autoridades del Ayuntamiento, Cofradía y Bando de los Caballos del Vino, así como las Amazonas son los encargados de dar a conocer los 10 mejores clasificados en carrera (aunque todo el mundo ya sabe qué caballo ha sido el más rápido) y la clasificación según el manto: el premio al enjaezamiento, el bordado, el trabajo de todo un año.

Primero los diez premios de Carrera. Del último al primero, los caballos que más rápido han subido con sus cuatro caballistas asidos al animal. Es frecuente que se trate de peñas con una media de edad joven. Caballistas que, a pesar de su corta edad, ya son expertos en la cuesta y saben lo que significa llevar el caballo hasta el Castillo. Abrazos, alegría, incluso lágrimas, emociones de unos grandes representantes de la fiesta como son los caballistas. Algunos verán cómo su entrenamiento de todo el año ha dado fruto y se alzarán con el premio, otros tendrán que probar suerte el próximo día 2 de mayo. A nadie dejan indiferente estos premios, merecidos y luchados. Cada caballo que sube la cuesta inscribe su nombre en la historia de los Caballos del Vino.

A continuación, los premios de enjaezamiento. Aquellos que premian a los caballos mejor vestidos, a las mejores ropas, mejores bordados y mayor originalidad. El caballo y el manto son un todo que hoy, por fin, recibe su merecido premio. Las peñas caballistas se dividen en bloques de cara al enjaezamiento, divisiones que marcan la calidad de los trabajos, siendo los del bloque 1 los trabajos más cuidados y tradicionalmente de mayor calidad. Quedar en los primeros puestos del bloque 3 o 2 da derecho a ascender de categoría; al mismo tiempo, quedar en los últimos puestos del bloque 1 o 2 hace perder la categoría de cara al siguiente año. Las votaciones las realizan los propios caballistas; las peñas se votan entre ellas al igual que el bando, y entre todos escogen la posición en que queda cada caballo al acabar la jornada.

Fuente: caravacaenfiestas.com

La historia del concurso de enjaezamiento

Por Francisco Fernández García

En el Concurso de Enjaezamiento se valora y premia la ropa que luce el caballo y su presentación sobre el animal, siendo fundamental la armonía entre el caballo y su vestimenta. No se trata de un concurso de bordado ya que el resultado final dependerá, o al menos debería depender de cómo luzca la ropa el caballo y el mantenimiento de su compostura a lo largo de toda la jornada.

Desde el siglo XVIII, según se desprende de los documentos más antiguos, la nota distintiva de los Caballos del Vino ha sido su engalanamiento y adorno, cubriéndose así las cargas de vino que subían al Santuario para su bendición por la Stma. y Vera Cruz. Estos documentos nos describen con detalle como iba adornado el Caballo que preparaba la encomienda santiaguista de Caravaca: “un repostero de paño azul con su fleco y armas reales que se pone sobre la carga de vino, que sube al castillo para el baño de la Santa Cruz. Una bandera de raso liso encarnado con tres horlas y galon de oro al canto, en que está figurada de raso liso blanco por los dos lados la Santísima Cruz para adorno del caballo cuando sube dicha carga de vino según costumbre”, además de cintas rojas.

Durante la segunda mitad del siglo XIX los Caballos del Vino experimentan dos importantes y significativos cambios. El primero de ellos se produjo como consecuencia de la desaparición de la Orden de Santiago, ya que todas las funciones que realizaba relativas a la ceremonia de Bendición del Vino, incluyendo el Caballo del Vino, pasaron a ser mantenidos y realizados por otras instituciones y, en el caso de los Caballos del Vino, posibilitando la participación del pueblo, surgiendo así los caballos vestidos por particulares, generalmente vinculados al sector agropecuario.

El segundo tuvo lugar a finales del siglo, cuando los caballos dejaron de ser el medio por el cual se transportaba el vino al santuario, a pesar de lo cual continuaron saliendo, aunque llevando solamente los adornos a modo de representación de lo que antes hacían. No obstante, en esta época se produce un cierto declive, por lo que desde la Comisión de Festejos se procura facilitar e incrementar la participación proporcionando los caballos y las banderas, quedando solamente a cargo de los caballistas “las ropas y flores con que se adornan”, como refiere el Padre Sala en su célebre manuscrito de 1898 sobre la Comisión de Festejos. La situación evolucionó favorablemente ya que en la crónica de las fiestas de 1902 se cuantifican en 14 el número de caballos participantes y en la 1910 se detalla “en gran número y muy vistosos”.

La vestimenta que llevaban en esta época eran prendas de ajuar doméstico, generalmente colchas de novia, mantones de Manila, ropones y similares, que se completaban con briones y atalajes de cuero y guarnicionería, manteniéndose como pieza mas distintiva la bandera considerada como la seña de identidad visual y estética más característica y propia de los Caballos del Vino. Pedro López Ruiz los describe así en 1917: “muy bien enjaezados con banderas artísticas y primorosas en la que se ostenta la Cruz de cuatro brazos sostenida por Ángeles, como verdadero emblema de la Santísima Vera-Cruz de Caravaca... y vestidos sobre sus lomos con colchas de seda y las colas adornadas con ricos cordones y borlas de lo mismo, todo combinado de vistosos y caprichosos colores”.

Y así llegamos a 1921, en que para dar mayor realce al festejo e incentivar la participación, la Comisión de Festejos tuvo la brillante de idear de crear premios para los caballos mejor enjaezados, consistiendo en tres en esta primera edición. Como ya se ha dicho, en esta época se vestían los caballos con piezas sencillas, por lo que lo más valorado eran la bandera y los complementos, que eran los que se renovaban cada año, como refiere la prensa de la época: “es preciso que el jurado calificador detenidamente examine el conjunto en general de cada uno de ellos, y en particular el ingenio del grupo que represente. Digo esto, porque he tenido ocasión de ver dos banderas y otros accesorios para dos grupos, que al jurado más competente le haría titubear, pues uno representa la riqueza, y en verdad así lo es, y el otro representa el trabajo. En este grupo, su autor ha derrochado el ingenio, por lo que llamo la atención de los señores que componen el jurado para que examinen detenidamente y premien con sinceridad al que mas arte y mas ingenio presente”. Como anécdota, se puede contar que la bandera del caballo ganador, que resultó ser el vestido por Dª. Dolores Michelena, fue rifada a beneficio de la Cruz obteniéndose 23 pesetas de beneficio.

En el programa de fiestas correspondiente al año siguiente, 1922 vuelve a reseñarse la existencia de los premios de enjaezamiento, por lo menos de uno: “Inmediatamente tendrán lugar en la Cuesta del castillo, las típicas carreras de los Caballos del Vino, con adjudicación de premio al caballo mejor enjaezado”. Su continuidad no se puede precisarse ya que no vuelve a aparecer en los programas de fiestas hasta los años 1929 y 1930, en los que se reseña la existencia de tres premios de 25, 15 y 10 pts., volviendo a desaparecer en los de años sucesivos hasta el de 1943, figurando desde entonces ininterrumpidamente hasta la actualidad.

Poco tiempo después aparecen las primeras piezas confeccionadas específicamente para vestir los caballos, siendo de nuevo Dolores Michelena la iniciadora de esta faceta, bordando un manto en seda negra con motivos orientales. Sin embargo no sería hasta el año 1955 cuando el enjaezamiento de los Caballos del Vino experimentaría una extraordinaria renovación ya que para estimular la participación, la Comisión de Festejos decidió aumentar considerablemente la cuantía del primer premio, lo que motivó a Lola y Carmen Navarro a confeccionar un enjaezamiento con todas las piezas bordadas, incluyendo el pecho pretal, los atarres y la bandera para el célebre “Caballo del Hoyo”, que ya llevaba algunos años saliendo con mantos pintados por Perico “el alto”. El diseño se lo encargaron a José Molina “el de los muebles”, el éxito fue extraordinario, logrando el primer premio, iniciándose lo que podríamos llamar “el Caballo del Vino moderno”.

Comienza así una etapa en la que se conforma un modelo que llega hasta nuestros días, con todas las piezas bordadas y que se consolidaría con los Caballos de los Arañas, bordados por las hermanas Valdivieso, y sobre todo con “el Arturo” y su legendario “Panterry”, que conseguiría seis primeros premios, con diseño de Pascual Adolfo y bordados de la popular Encarna “la bordadora” . A mediados de la década aparece “El Estudiante” con “el Jata” y su hermano Eusebio, que logran destronar al “Panterry”, logrando tres primeros premios. Otros caballos destacados fueron “El Profesor”, “El Malacara”, “Jabato” y “El Faraón”.

Durante la década de los 70 los Caballos del Vino sufren otra gran renovación con la aparición de la Peñas Caballistas, desarrollándose extraordinariamente el enjaezamiento al incrementarse el presupuesto destinado a ello, resultando menos gravoso al repartirse entre los componentes de la peña. De la mano de la Peña Pura Sangre se introduce el bordado con hilo de oro, haciéndose cada vez más lujosos y vistosos hasta convertirse en auténticas obras de arte. Desde entonces, figuran en el palmarés de ganadores de este concurso las Peñas Terry, Zambra, Mayrena, Campeón, Pura Sangre, Mayrena-Cartujano, Triana, Solterón, Fogoso y Santa Inés, estando encabezada por la Peña Sangrino con nueve primeros premios.

El enjaezamiento de los Caballos del Vino comprende tanto el diseño de las vestimentas como la confección y bordado a base de seda, pedrería y canutillo de oro y plata. Consta de 18 piezas: el brión para la cabeza, las plumas que lo coronan, dos casacabeleras adornadas con cintas de colores, dos ramaleras, la bandera, el pecho pretal, dos crineras, dos mantas, dos atarres, la culata, y dos muñequeras; rematado todo por el atacolas con su correspondientes borlas y la jalma donde se fijan las piezas.

El concurso ha ido evolucionando con el tiempo, pasando de ser fallado por jueces a ser las propias peñas quienes con sus votaciones deciden los premios. En la actualidad los participantes se dividen en cuatro bloques, pudiendo ascender o descender según el resultado final. Tradicionalmente se había reservado una parte del cupo de participación para aquellos que usaban ropas de años anteriores, no participando en el concurso; sin embargo el uso obligatorio de enjaezamientos nuevos cada año ha hecho que salgan a la calle algunos en exceso sencillos muy alejados de lo que es un auténtico Caballo del Vino, por el bien del festejo debería revisarse esta normativa.

Primeros premios de enjaezamiento desde 1955 hasta 2010

* Agradecemos la aportación de estas imágenes a la familia de Pico.